HISTORIA DE LA RECONEXIÓN (5)

Eric-Pearl -Historia de la Reconexión®-(5)

En la segunda o tercera visita, el 80% del tumor inoperable de Debbie había desaparecido. A los ocho meses sus médicos decidieron operar y quitarle el 20% que quedaba. Pero antes del día de la operación tuvo una sesión del tratamiento, y un día y medio más tarde, fue al hospital para que la operaran. Pero después de algunas pruebas, la hicieron volver a casa. La operación se había anulado. Al parecer, durante el día y medio que siguieron a nuestro encuentro, el tumor había desaparecido totalmente, quedaban solo las cicatrices.

Un detalle interesante, Debbie había venido a verme en noviembre. Durante ese encuentro, había notado gotas de agua cayendo por el lado derecho de su cara. Después de eso, el hombre con bigote y pelo blanco apareció por segunda vez. Esa vez, llevaba una bata blanca que flotaba en el aire. Luego, se puso a volar.

Ocurre muchas veces que mis pacientes ven médicos reunidos que llevan batas blancas; se ponen de acuerdo y guían las curaciones. Hablan pero nadie puede oírlos. Otra aparición bastante común es la de una joven amerindia que pone una cinta de piel decorada con cuadrados pequeñitos i brillantes en la frente de mis pacientes. A menudo, un hombre amerindio entra y se queda de pie en la habitación, no sabemos si es un jefe o un chaman. Otro visitante es un hermoso ángel que lo describe con una gran altura y tiene unas alas muy grandes de plumas blancas.

Me comentan que se queda detrás de mí con las manos a mi alrededor, mirando por encima de mi espalda y guiando silenciosamente mis manos. Muchos de estos ángeles desprenden un olor de perfume de flor, de incienso o de hierbas como el romero.

Entonces ocurrió la historia de Jered. Jered tenía cuatro años cuando vino con su madre por primera vez. Llevaba aparatos ortopédicos en las rodillas y no podía moverse sin ellos. Sus ojos miraban en todas las direcciones pero aun parecían capaces de fijar el vacío. Las palabras no salían de su boca pero le salía la saliva a borbotones. La luz de Jered se reducía a una expresión de vacío que no dejaba brillar al ser magnífico que tenía que haber ocupado ese cuerpo.

Jered perdía la capa de mielina de su cerebro donde los impulsos nerviosos se comunican. Tenía unas cincuenta crisis de epilepsia al día. Los medicamentos habían reducido esas crisis en dieciséis al día. Mientras estaba acostado en la camilla, inmóvil y casi sin vida, su madre me dijo que en el último año, lo había visto debilitarse rápidamente sin que pudiera hacer nada por él. A esta primera consulta, no traía al niño que había conocido sino lo que podía describir como una ameba.

En esta primera sesión con Jered, cuando mi mano se acercaba al lado izquierdo de su cabeza, él sentía su presencia y trataba de cogerla. Mire, sabe donde esta su mano. Intenta cogerla.

Nunca había hecho esto , dijo su madre sorprendida y llena de esperanza; es en esta parte de la cabeza donde ha desaparecido la capa de mielina, añadió. Jered se volvió tan activo durante el encuentro que su madre tuvo que sentarse con él en la camilla para cogerle delicadamente las manos y cantarle canciones como solo lo sabe hacer una madre. Su canción preferida era"Twinkle, Twinkle Little Star". (Brilla, brilla pequeña estrella).

 Desde su primera visita, los ataques de Jered cesaron totalmente. Después, en la segunda sesión, vimos a Jered coger el pomo de la puerta y girarlo. Su vista había mejorado y ya era capaz de fijar los objetos. Un día cuando salía del despacho, señaló un ornamento floral que se encontraba en la recepción y dijo sonriendo: "flores". Todo el mundo tenía lágrimas en los ojos.

Aquella noche, se oyó a Jered recitar las letras del alfabeto con Vanna White cuando miraba "la rueda de la fortuna" en la televisión. Y después, cuando se iba a la cama, este pequeño querubín, antes mudo, miró a su madre y dijo: "Mama, cántame una canción." Cinco semanas más tarde, Jered volvió al colegio y jugó a fútbol. ¿Jered había visto a un ángel? Nunca me lo dijo pero creo que sí. Este ángel lo acompañaba durante sus idas y venidas a las citas, se sentaba junto a él y le cogía delicadamente las manos y le cantaba "Twinkle, Twinkle Little Star" como solo un ángel lo pueda hacer.

En ese momento comprendí que tenía que ir a mi interior para encontrar las respuestas a mis preguntas. Mis dos preocupaciones más importantes eran: Primero, que no podía predecir las reacciones de una persona y por eso, no podía prometerle nada. Segundo, que tenía subidas y bajadas de energía imprevisibles que podían durar de tres días a tres semanas.

Siempre había sido del estilo "esto puedo controlarlo", capaz de conseguir todo lo que tenía en la cabeza. Mientras los otros tenían la posición "esperamos para ver que", yo prefería dominar, manipular y controlar las situaciones. Los obstáculos que parecían insuperables para otros eran invisibles para mí pues los arremetía y cumplía con mi trabajo. La expresión más molesta para mí era: si algo tiene que ocurrir, ocurrirá. Si quería que algo sucediese, hacía todo lo necesario para que sucediese y no dejaba a los fatalistas ponerse en medio.

Imagínense mi sorpresa, cuando he comprendido finalmente que si quería que el proceso de curación se acelerase, tenía que parar de encabezar el baile y salir de en medio. Tenía que dejar actuar a un poder superior.¿Quién dice eso? » Pensé, «Yo no, desde luego. »
(ver más)
 
 

             2                                5            6


Reiki-apuesta-por-la-vida.com. Todos los derechos reservados