HISTORIA DE LA RECONEXIÓN (3)

Eric-Pearl -Historia de la Reconexión®-(3)

Mis pacientes me comentaban que sabían con anticipación donde les iba a poner las manos. Las podían notar a unos centímetros de su cuerpo. Se dedicaban a adivinar donde les iba a colocar las manos. Pero cuando empezaron a curarse, las adivinanzas se acabaron. Al principio, los pequeños dolores desaparecían.

Al parecer, los pacientes venían por la quiropráctica, entonces realizaba el tratamiento correspondiente, y después les pedía que se quedaran acostados y con los ojos cerrados hasta que les dijera de abrirlos. En esos instantes, aprovechaba para colocar mis manos por encima de su cuerpo. Cuando se levantaban, el dolor había desaparecido y querían saber lo que había hecho. Siempre les respondía: Nada y no hable de esto a nadie. Era tan eficaz como confiar un secreto a alguien y pedirle que no lo contara a nadie.

La gente empezó a llegar de todas partes para las sesiones de curación. No entendía mucho lo que ocurría. Por supuesto, quería hablar con la cartomántica de Venice Beach. Tiene que proceder de algo que está en usted. Quizás la experiencia de vida que tuvo después de la muerte de su madre, en el momento de su nacimiento, tiene algo que ver con eso" dijo y añadió,no conozco a nadie que haya reaccionado de esta manera.

Es fascinante. Fascinante. Al parecer estas palabras querían decir que tenía que ir por mi cuenta.

 A principios de octubre, aparecieron manifestaciones físicas de mi transformación. Una clienta sufría de una degeneración ósea de las rodillas severa, desde su infancia. Puse mis manos encima de su rodilla. Y cuando las quité, su rodilla estaba mejor pero mis manos estaban cubiertas de minúsculas ampollas que desaparecieron a las tres o cuatro horas. Este tipo de inflamaciones me ocurrieron varias veces. Cada vez que las tenía, todo el mundo en el edificio venía a verlo. (podía haber cobrado los derechos de entrada).

Luego, un día, mi palma de la mano empezó a sangrar. No es broma. La sangre no salía como se ve en las películas religiosas o en los periódicos, a borbotones. Más bien, era como si hubiera una aguja clavada en mi mano. Pero igualmente era sangre. La gente de mi alrededor, me dijo que era seguramente una iniciación. ¿A qué? pregunté. Y ¿Como lo sabían? ¿Por qué no lo sabía? ¿Quién lo sabía?
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En noviembre, fui a ver a un famoso vidente. Me perdí por el camino y llegué a la cita agotado y con media hora de retraso (como de costumbre). Entré a toda prisa en su casa, me senté en una silla e hice como si no notara que estaba enfadado. Aquel tipo de mirada que tienen las personas estreñidas y las personas celosas. Aquella que nos recuerda las lecciones que no nos han dado sobre las virtudes de la puntualidad y que nos hace dudar del valor de ser humano.

Estaba convencido que en sus días libres, este hombre pedía firmas para que los retrasos en la escuela fueran merecedores de castigo. Este encuentro iba a ser un desastre, estaba convencido.

Con gran profesionalidad, tiró las cartas sin mostrar ninguna señal de cordialidad o de compasión. Analizó las cartas y me miró directamente a los ojos con una expresión que podía denotar interrogación o amenaza y me preguntó:¿Qué hace usted para ganarse la vida? No sé lo que pensaréis pero a 100 dolares la hora, pensaba que era él quien tenía que decírmelo, pero me callé. Soy quiropráctico, dije tranquilamente sin revelar nada que pudiese influir en su interpretación. (Ni siquiera le había dicho mi apellido cuando pedí hora.)Oh no, usted es más que eso, dijo ,algo le pasa a sus manos y la gente se cura.

Lo veremos en la televisión y añadió : y la gente vendrá de todas partes a verle. Era la última cosa que pensaba oír de su boca. Después, añadió que escribiría libros. Déjeme decirle algo, le contesté concienzudamente, si hay algo de lo cual estoy seguro, es que nunca escribiré ningún libro.

Los libros y yo nunca nos habíamos llevado bien. En toda mi vida, solo había leído dos libros y aun no había acabado el segundo. Pero mi vida iba a sufrir otros cambios. Videntes, curanderos, channelers, chamanes venían todos los días a verme. Llegaban de todas partes para decirme que durante sus meditaciones, habían recibido el mensaje de cooperar conmigo sin remuneración ninguna. Mi historia de amor con el alcohol volvió a ser una amistad ocasional: un vaso y medio para la cena, de vez en cuando. Nadie estaba tan sorprendido como yo mismo.

Lo más extraño aun no había sucedido: mi dependencia de la televisión se terminó repentinamente y fue reemplazada, puedo decirlo, por los libros. Era insaciable. Devoraba todos aquellos libros que trataban de filosofía oriental, de la vida después de la muerte, de channeling e incluso aquellos que trataban sobre los extraterrestres.

Cuando me acostaba por la noche, mis piernas no paraban de moverse. Tenía la sensación que mis manos estaban permanentemente en posición de recepción. Me zumbaba la cabeza y me silbaban los oídos. Más tarde, oí sonidos e incluso lo que parecía ser una coral.

Me decía a mí mismo: « Me he vuelto loco. » Ya se sabe que se empieza por oír voces cuando uno se vuelve loco. Yo oía coros. ¿Podría haber oído simplemente, un zumbido o la voz de una persona o incluso de un coro de niños? ¿Por qué tenía que ser un coro de ópera al completo?.(ver más)
 
 

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